miércoles, 27 de abril de 2016

Somos las cosas que hacemos.

Este cuento surgió de la iniciativa del blog http://ficcion-romantica.blogspot.com.ar, sobre inspirarse con un elemento. Me gustó mucho hacerlo, así que les dejo el resultado para que ustedes me digan qué les parece jajaja.

Somos las cosas que hacemos.


«Che, Juli, ¿muelle?
Enviado 22:07»

«Caty... no puedo, estoy con Lu...
Enviado 22:23»

«Ah...
Enviado 22:24»

«Pasa algo? Necesitás que nos veamos?
Enviado 22:30»

«No, no. Está bien. Sé lo que significa Lucía para vos, así que quedate con ella. Mañana hablamos, no hay problema (:
Enviado 22:31»

«Por esto sos mi mejor amiga :) Pero sé que te pasa algo. Te paso a buscar tipo 1, cuando la lleve a ella a su casa, querés?
Enviado 22:45»

«Nah, Julián, por favor. Quedate con ella, dios. No vas a dejar pasar tu sueño por estar conmigo!
Enviado 22:46»

«Boluda, me estás respondiendo los mensajes apenas te los mando. Te conozco, sé que te pasa algo. Y nadie es más importante que vos. A la 1 estoy ahí.
Enviado 23:35»

Catalina no me respondió más, y supe que podían haber pasado dos cosas: o se había quedado dormida, o me había dejado tranquilo. Y me sentía culpable por aquello, porque yo la estaba pasando de diez con Lucía mientras ella, seguramente, se estaba ahogando en su depresión.
Pero, por una vez, quería darme un gusto a mí mismo.
Levanté la cabeza del celular. Lucía me sonreía dulcemente, y fui enseguida hacia ella. Tenía dos tazas de café en la mano, humeantes, a pesar del calor que hacía. Nunca era un mal momento para tomar café, y menos con una compañía tan perfecta como ella.
—Medio raro, ¿no? Tomar café en medio de una fiesta donde todos están emborrachándose —dijo, y se rio de lo que acababa de decir, o tal vez de la loca imagen de nosotros dos en una fiesta, tomando café.
—Cada uno busca pasarla bien a su modo: ellos no tienen a nadie, y necesitan del alcohol.
—¿Y vos, la estás pasando bien? —preguntó, con sus ojos marrones siempre abiertos.
Eran más dulces que el café.
—Con vos al lado mío, podría pasarla bien con un café, una gaseosa, agua o nada.
Se le escapó una risa llena de vergüenza, y pude ver cómo sus cachetes se ruborizaban por lo que le había dicho. Era la chica más tierna que había conocido, y me parecía completamente hermosa. Pero, en ese momento, no había palabras para describir lo que me hacía sentir verla.
Estaba perdidamente enamorado de ella.
Me habría gustado poder quedarme hablando con ella hasta el fin de los días, pero tuve que llevarla a su casa a la una.
—Gracias por traerme, Juli —me dijo, frente a la puerta de su casa.
—Cuando quieras, Lu —sonreí, mirándola fijo a los ojos.
Tenía la mirada chocolate más acaramelada de todas.
—Estuvo buena la fiesta, ¿no? —dijo, acomodándose para salir—. Pero lo mejor fue tu compañía.
Sentí que mi estómago se revolvía, e hice lo posible para no quedar como un tarado. Pero, lamentablemente, el rubor fue algo que no pude controlar. Me sentía un estúpido, una minita adolescente enamorada que suspira por cada cosa linda que le dice alguien.
—Sos la mejor de todas —susurré, acercándome a ella.
Lucía hizo lo mismo, dejándome en claro lo que quería, y la miré. Ahí, a pocos centímetros, parecía más pequeña que de costumbre. Pero más pura. Tomé aire como pude, porque no podía respirar de los nervios, y la besé. Sus labios eran raros, estaban medio secos pero bien carnosos. Se abrían con timidez a los míos.
Me sentía un nene que da su primer beso.
Fue el beso más tierno y más hermoso que di en mi vida.
—Llamame —rió, ni bien salió del auto, y se quedó saludándome hasta que entró a la casa.
Suspiré, y me dejé caer en el asiento.
Lucía sí que era genial.
«Estoy yendo, Cata. Despertateeee!!!!!
Enviado 01:23»
La casa de la familia de Cata no quedaba demasiado lejos de la de Lucía, ni de la mía. Ni de ninguna, la verdad, porque San Bernardo no era un pueblo demasiado grande que digamos. No quise tocar bocina porque sabía que era tarde, y que todos estarían durmiendo, así que simplemente llamé al celular de Catalina. Ni siquiera había sonado una vez cuando Catalina salió por la puerta. Supe que había estado esperando ahí desde el último mensaje, y eso me dolía. Algo le estaba pasando, y yo la había dejado sola mientras disfrutaba con Lucía.
—Hola —me saludó, con un beso en el cachete.
Se acomodó en el asiento y no dijo nada más. Miraba hacia adelante, a todo el paisaje que se extendía frente a nosotros, pero no parecía observarlo. Estaba metida dentro de su cabeza...
Y no me extrañaba. Desde que me había contado que su papá se había muerto, ella no era la misma. Ahora, parecía que su estado normal era la depresión y, de vez en cuando, muy de vez en cuando, tenía días felices.
Bajamos y nos acomodamos en el borde del muelle, sin las zapatillas, y con los pies sobre el agua. Sacó el paquete de cigarrillos y solo cuando le dio la primer calada al primero de ellos empezó nuestra rutina.
—¿Qué pasó? —le pregunté—. ¿Qué te pasa?
—Estoy triste, Julián —solo dijo y, de la nada, se largó a llorar.
Simplemente la abracé. La abracé bien fuerte, presionándola contra mi pecho, para que supiera que allí me tenía para todo lo que necesitara.
—Te juro que intento, Juli, pero no puedo. Tengo acá, en el pecho, una presión tan fuerte que a veces no la aguanto. La tristeza me ahoga tanto... Y lo extraño, Julián. Lo extraño tanto que duele, pero, ¿sabés por qué duele? Porque sé que no lo voy a poder tener nunca más... Pienso… pienso que nunca más me va a llevar a la escuela, ni me va a retar por ser una respondona, ni me va a explicar todas las cosas del mundo y… me entra un vacío tan gigante que no lo aguanto. Me lo quiero arrancar, pero no sale.
—Tranquila, Cata... —susurré, y le acaricié la espalda para que se tranquilizara—. Me gustaría decirte que va a pasar... que vas a estar bien, pero es mentira. O en parte. Porque lo vas a terminar superando, vas a salir adelante y vas a seguir... pero ese vacío va a seguir ahí, porque tu papá se fue, y ese es un dolor que no desaparece nunca. Simplemente se aprende a vivir con él.
—Ya sé. Ya sé eso, como también sé muchas otras cosas. Pero el dolor sigue, el dolor no desaparece... Y es como si todo mi cuerpo, cada fibra, me pidiera estar con él. Pero no puedo.
La alejé un poco, lo suficiente para mirarla a los ojos pero no para soltarla, y le acaricié el cachete.
—No lo extrañás a él, Caty, ¿sabías? Solo extrañás todo lo que él significaba. Extrañás lo que te daba, lo que te decía, lo que hacía y lo que no hacía. Extrañás el simple hecho que no está pero, lamento decirte, que a él no lo extrañás...
Ella se quedó mirándome unos segundos, y parpadeó unas cuantas veces, como si estuviera interpretando lo que le acababa de decir. De la nada, frunció las cejas, enojadísima.
—¿Cómo te atrevés a decir eso? —escupió, casi al borde de estar ofendida—. ¿Cómo sabés que yo extraño las cosas que él hacía y no a él? ¿Cómo te dignás a decir esa estupidez si ni siquiera sabés lo que está pasando adentro de mí?
—Mis primos murieron en una tormenta de rayos hace unos años... acá… —sentí que el nudo de los recuerdos volvía, pero tomé aire y fui fuerte, por ella. Porque lo necesitaba—. Los lloré mucho tiempo, porque ellos eran como mis mejores amigos, siempre estábamos juntos. Hacíamos todo juntos, hablábamos de todo, y nunca me sentía solo con ellos. Pero, con el tiempo, me di cuenta de que lo que extrañaba era la compañía que ellos me daban. Siempre podía jugar, salir y hablar con ellos, y eso era todo lo que extrañaba. Pero nada más.
—¿Por qué nunca me dijiste eso, Juli? —exclamó, asombrada—. ¿Por qué nunca supe que te había pasado eso?
—Porque simplemente me dolía demasiado como para contarlo. Pero ya pasó, ya lo superé, y por eso te lo estoy diciendo...
Se quedó en silencio, y volvió a prender el cigarrillo del principio, que había ahogado con sus lágrimas. Le dio algunas caladas, me lo pasó y se lo regresé. Solo entonces, después de haberlo pensado un poco más, volvió a hablar.
—Pero nosotros somos lo que hacemos con los demás. Somos lo que demostramos, somos lo que los otros conocen, somos lo que compartimos con los otros, somos lo que hacemos por y con los otros... Por eso lo único que extrañamos de las personas que se van son las cosas que hacían, porque ellos son lo que nos muestran. Nunca podemos saber exactamente lo que piensa el otro, solo podemos conocer lo que ellos nos dicen de lo que piensan. O lo que nos demuestran, ¿entendés?
Me quedé mudo.
No sabía qué responderle... porque había dicho algo completamente cierto, y algo que no había considerado nunca.
Nosotros éramos las cosas que hacíamos... Los seres humanos pensamos que nos comunicamos con palabras, pero estamos errados. Nos comunicamos con acciones, porque una acción vale más que mil palabras. Mil "te amo" pueden destruirse con una sola acción errónea. Y mil "te odio" pueden borrarse en el instante con la acción correcta. Dos mil palabras no pueden infundir la confianza que, a veces, tres o cuatro acciones pueden lograr. Un "te amo" puede significar mucho pero, si no se demuestra
...no es nada.
Las acciones nos definen.
—Tenés razón —le dije, y le pasé el brazo por sobre los hombros para despeinarla un poco—. A veces decís cosas que son demasiado profundas, Cata, y verdaderas. Estás convirtiéndote en toda una filósofa.
—Dejame, boludo —chilló, entre risas.
—Bueno, al menos te hago reír, ¿no?
—Siempre me hacés feliz, Julián. No sé cómo hacés, y te odio por eso.
Puse cara de ofendido, demasiado exagerada, y me señalé a mí mismo.
—¿Disculpame? ¿Me odiás? ¿Cómo es eso?
—Tarado —volvió a reír, pegándome—. Siempre te voy a adorar, de eso no hay dudas. Sos... perfecto.
Le di un beso en el cachete, y le apretujé bien contra mí mientras nos enderezábamos. Nos quedamos mirando la luna toda la noche, así, abrazados.
Éramos... perfectos.

2 comentarios:

  1. Joder... ¿por qué últimamente leo relatos tan geniales como el tuyo? Como le he dicho también a una chica que recientemente se ha anotado a este reto, me alegra haberte descubierto y espero que haya mucha más gente que sea capaz de valorar y admirar lo que escribes. Tengo que leerte más, eso seguro jeje.

    Saludos <3

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  2. Jajajajaja muchísimas gracias. A veces me agarran estos ataques de filósofa (? Y hacerlo de vez en cuando me hace bien, la verdad. ¡Gracias a vos y a tus retos, voy a estar esperando nuevos jajaja!

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